El Ayuntamiento homenajea a Eugenia Carrasco Santos al cumplir los cien años

• Viuda a los seis años de estar casada, esta querida vecina de Almodóvar del Campo no dudó en luchar por el porvenir de sus hijos a base de mucho trabajo y entrega

Almodóvar del Campo, 26 de junio de 2019. Eugenia Carrasco Santos celebraba el pasado lunes 24 de junio un cumpleaños muy especial, el de su centenario. Lo hacía feliz, rodeada de los suyos en un sencillo acto que sirvió para agradecerle todo cuanto hizo en su día por sacar adelante a sus hijos, cuando enviudaba prematuramente.

En la vivienda en donde reside con su hija Jose y su yerno Miguel, se reunían su otro hijo, Arcadio, primas, nietos y biznietas, además de representantes de la Corporación municipal como las concejalas María del Carmen Santos y Virginia López, que felicitaron a Eugenia y a toda la familia.

La protagonista de esta efeméride tan especial se mostraba muy contenta con tan singular y cálida celebración. Recibía del Ayuntamiento un ramo de rosas y compartía la tarta que conmemoraba su centenario, cuyas velas las apagaba de un resuelto soplido.

Jose señalaba, emocionada, que su madre enviudó a los 32 años de edad, cuando ella tenía dos meses y su hermano cuatro años. Eugenia, que se casó muy joven, siempre decía cuando perdió a su esposo, Dionisio Sánchez Manzanares, “once años novios y seis casados”.

Desde el primer momento en que enviudó nunca dejó de tener presente a su marido. Se vistió de negro y no ha salido a ningún sitio salvo para trabajar y procurar cuanto precisaba su familia.

Jose añadía que cuando mi madre enviudó, año 1953, y sin el padre de familia que se dedicaba al campo, lo tuvo claro. “A pesar de estas vicisitudes, mi madre ha sido una madre muy buena y muy querida, porque no quiso que nos pusiéramos a trabajar sus hijos y por eso pudimos estar en la escuela hasta que quisimos”.

“Y todo gracias a que ella ha trabajado muchísimo, porque de mi padre no ha cobrado nunca nada”, añadía, de manera que la vecina centenaria se dedicó a todo lo que pudo, desde la recogida de garbanzos, a la aceituna y, durante años, a la venta de huevos en Puertollano, que ella misma llevaba, a pie, a razón de 25 docenas en cada viaje.

Eugenia siempre se ha hecho querer, hasta el punto de que llegó a trabar una verdadera amistad con la familia de un ingeniero de la Calvo Sotelo que, en previsión de su jubilación, decidieron darla de alta como empleada de hogar para que finalmente, como así fue, tuviese una pensión de jubilación.

También a lo largo de su vida ha destacado por los muchos hornazos que hacía para el día en que se celebraba esta fiesta en Puertollano, así como por la elaboración de mantecados y tortas, “que eran primorosas”.

Eugenia Carrasco Santos tuvo dos hermanos, Eleuterio y Marceliano, ya fallecidos; ella era la mayor de todos. Su madre murió con 82 años y su padre también murió joven