Una niña ucraniana convive este verano en Almodóvar del Campo con una familia que le da cariñosa acogida

• Procede de una zona depauperada a consecuencia del accidente de Chernóbil • Responsables municipales han brindado una recepción para mostrar su apoyo

La familia de acogida y la pequeña ucraniana, posando con las concejalas

La solidaridad estival con menores de acogida ha tomado en Almodóvar del Campo un relevo de latitudes, pues en el año en que por vez primera no se aloja ningún pequeño saharaui refugiado en el desierto argelino, recala como experiencia pionera una niña ucraniana procedente de una zona afectada por el accidente nuclear de Chernóbil.

Recientemente, como es costumbre por parte del Consistorio, se brindaba la tradicional recepción en la que los responsables municipales entregan un presente a estos pequeños residentes temporales, a la vez que también muestran su gratitud a los progenitores que tienen un gesto a todas luces impagable, por todo lo que implica.

Karina, que así se llama la pequeña de siete años, llegó procedente de su lugar de origen a comienzos del pasado mes de junio bajo la coordinación del colectivo andaluz NIDES y, desde entonces, disfruta de la convivencia con la familia almodovareña que encabezan Noelia y Alfredo, padres a su vez de tres menores en edad escolar.

La nueva concejala de Bienestar Social y su antecesora, Mari Carmen Santos y Lidia Paz respectivamente, se interesaron por las particulares de esta acogida, dando las gracias a toda la familia “por darle en este verano a Karina el cariño y todas las atenciones que necesite, principalmente en temas médicos, para su bienestar tanto aquí en Almodóvar como para cuando vuelva a las duras condiciones de su país”, decía la titular del área.

Durante el encuentro, celebrado en el salón plenario, los padres calificaron de “genial” la adaptación que ya disfrutan entre los seis. “No esperábamos, la verdad, que la niña se fuese a adaptar así”, indicaba Alfredo, matizando que al principio de la convivencia no había posibilidad inicial de entenderse en las respectivas lenguas.

“Pensábamos que el idioma iba a ser un hándicap negativo, pero al final no ha sido así y en todo momento nos hemos entendido, por mímica, gestos, pictogramas, también con un pequeño diccionario que nos dieron para las cosas más básicas”. La capacidad de aprender y de comprensión de todo niño y la paciencia del resto ha dado sus frutos.

Ella, por su parte, está descubriendo cosas, lugares y medios que le eran del todo ajenos “como la piscina o la playa, palabras que incluso en su propio idioma desconocía porque no tenía esos referentes, pero ahora ya ha aprendido incluso a nadar y hace unos días ha cumplido años y todo eso es nuevo para ella, incluso los regalos”, señala Alfredo.

Haciendo entrega del obsequio a la pequeña ucraniana
Haciendo entrega del obsequio a la pequeña ucraniana
Difíciles condiciones de vida en su residencia de origen

Los efectos del accidente de la central nuclear, acaecido en abril de 1986, en una zona ya de por sí de difíciles condiciones de vida, además de las víctimas que en estos años se ha llevado por delante, puso todavía peor las posibilidades de tener una cierta prosperidad para infinidad de niños y familias ucranianas, en las zonas directamente afectadas y en otras aledañas. Además, en un país en guerra, aún hoy, con Rusia.

En el caso de Karina, su familia de origen tiene muy pocas ocasiones para trabajar al año y cuando la tienen, las ganancias se tienen que destinar a alimentos; “lujos, ninguno”, apostilla Alfredo.

Por eso, él y su mujer tienen intención de colaborar con la familia de origen de una manera continuada, con el envío de un paquete mensual cargado de alimentos no perecederos principalmente. “Porque leche no la pueden tomar” debido a la contaminación por radioactividad que empapó también los campos de los que se nutren animales como las vacas.

Además, cuando la niña parta en viaje de regreso, a finales del próximo mes de agosto, también le darán una maleta de hasta 25 kilos de peso en cuyo interior pondrán ropa de invierno, “que básicamente es lo que más le va a hacer falta”, así como para sus hermanos con ropa que en su día usaron los niños de Noelia y Alfredo.

Conforme a las condiciones del colectivo de acogida NIDES, se contempla la posibilidad de que los pequeños ucranianos dispongan de otro mes de estancia para las fechas navideñas, que se suma al trimestre estival. También se da opción a, una vez alcanzados los 10 0 12 años de edad, establecer un tutelaje para que puedan completar estudios en España durante el curso escolar, de manera que se regresa a Ucrania en verano, a modo de vacaciones.

Con independencia de lo que para entonces pueda acaecer en este caso, lo cierto es que al matrimonio almodovense le vienen de lejos sus nobles intenciones de acogida. “Era algo que siempre tuvieron en mente, antes incluso de tener a sus propios hijos”, cuya crianza motivó aparcar este anhelo hasta que ya este año ha sido posible hacerlo realidad.

Tras sopesar diferentes opciones y contrastar opiniones con otras familias que en su día dieron el paso, optaron por la Asociación NIDES, que trabaja básicamente con menores de Ucrania, huérfanos, con falta de algún progenitor o cuyas familias tienen muchas dificultades y, como queda dicho, en el entorno de Chernóbil, la central nuclear donde se originó el peor accidente de la energía nuclear acaecido hasta ahora en el planeta.