La Universidad Popular cerró el curso 2010/2011 registrando una participación de más de 600 alumnos

La concejala Marta Blanco (1ª izq.) entrega el grueso de diplomas a la monitora de uno de los cursos desarrollados.En un rebosante patio de los laureles del Centro Cultural ‘Casa de la Marquesa’ de Almodóvar del Campo, quedaba clausurado el curso lectivo 2010-2011 de la Universidad Popular que, desde hace casi dos décadas, viene desarrollando con un gran éxito de participación y contenidos el Ayuntamiento de esta localidad ciudadrealeña.

Con la presencia de diferentes miembros del equipo de Gobierno, en el transcurso del acto fueron entregados a los monitores los diplomas a repartir posteriormente entre sus alumnos, como gesto de haber cubierto con buen fin los objetivos marcados este año. El broche de oro fue la actuación del dúo formado por Carlos Ramírez e Isabel Martín,  que dan vida a la formación musical, cerrándose la convocatoria con un refrescante refrigerio que compartieron las decenas de asistentes al acto.

La directora de la UP almodovareña, María Dolores García-Minguillán, dirigiéndose al personal asistente. Al comienzo de la convocatoria, que fue presentada por la directora de la UP almodovareña, María Dolores García-Minguillán, la concejala de Cultura, Educación y Festejos ofreció unas palabras en lo que era su primera aparición pública. Marta Blanco ensalzó así la labor de los monitores que han contribuido al éxito de las propuestas realizadas a lo largo del último año, a los propios alumnos “que sois los que hacéis posible la labor de la Universidad Popular y sois el alma que da sentido a este proyecto llenando cada uno de los cursos que ofrecemos” y también tuvo palabras de agradecimiento a la propia responsable de esta iniciativa de aprendizaje que cada año seduce a un mayor número de vecinos.

De hecho, como recoge la propia García-Minguillán en su balance, este año han sido más de 600 personas las que, de una manera u otra, se han matriculado este año en alguno de los cursos y talleres ofrecidos al inicio del pasado otoño. “En este último curso se han puesto en marcha más de treinta cursos bajo el lema ‘Toda la vida es una oportunidad para aprender’, tratando de llegar al máximo número de niños, jóvenes, adultos, mayores, familias, tanto en Almodóvar y sus barrios, como en las aldeas, desplegando aulas en  Navacerrada, Fontanosas y La Viñuela”, apunta la directora de la UP. Pero, de una manera u otra, entre exposiciones, viajes culturales, charlas, jornadas, etc., “más de 4.000 asistentes” se han acabado por implicar en las actividades.

Aspecto de público que presentaba el Patio de los Laureles del Centro Cultural 'Casa de la Marquesa', durante el acto. Tal y como refiere María Dolores García-Minguillán, el grueso del alumnado lo ha integrado mujeres, “que han llenado de ideas y vida el Centro Cultural ‘Casa de la Marquesa’ como principal sede de la Universidad Popular”, en la cual han tenido cabida cursos clásicos como los relacionados con la educación de adultos: Alfabetización, Cultura General, Educación Especial, Club de lectura, Grupo de teatro; cursos relacionados con la creatividad como con Pintura, Bailes de salón, Bolillos, Lagartera, Restauración de muebles y manualidades, Baile español y sevillanas; cursos para rescatar las tradiciones relacionadas con la danza y música regionales; cursos novedosos para ‘Envejecer de manara activa’, Aula abierta de psicología: ‘Los vínculos’, Historia y Literatura, etc.

A su juicio, la tradicional fiesta de fin de curso “es una buena fórmula para  celebrar, difundir, premiar y reconocer la importancia del Aprendizaje a cualquier edad; que toda la vida es una oportunidad para aprender”, explica la responsable de la UP.

El dúo integrante de Milo ke Mandarini, durante su actuación en Almodóvar del Campo. En esta ocasión, la actuación musical que amenizó el grupo Milo ke Mandarini, cuya traducción del idioma heleno al castellano es ‘manzana y mandarina’, permitió disfrutar del concierto titulado ‘Músicas del Mediterráneo’, que sedujo al auditorio con canciones turcas y griegas, melodías sefardíes, piezas tradicionales castellanas, mostrando así un vínculo que se ha ido construyendo generación a generación con componentes. Exotismo y emoción fueron la sal y la pimienta de un espectáculo musical interpretado con instrumentos tan variopintos como saz, lavta, ud, tambur, cucharas, pandero o daff y la propia voz, sumándose en Almodóvar el característico sonido del acordeón.