Rosa Bayón López llega a centenaria en Minas del Horcajo, la tierra que la vio nacer en época próspera

Almudena Correal, teniente de Alcalde, entrega a Rosa un ramo de flores en nombre de todo el municipio. Minas de Horcajo es una de esas localidades a las que la vorágine indómita del paso del tiempo condena a ser olvidado tanto esplendor como el que aquí se llegó a alcanzar. Su actividad minera en torno a la galena argentífera hizo de esta pedanía de Almodóvar del Campo, en el último tercio del siglo XIX y durante varias décadas del XX, todo un centro de actividad económica y poblacional con hasta más de 7.000 habitantes, propiciando así la existencia de comercios, hospital, juzgado de paz y centrales eléctricas que atrajeron a no pocos ingenieros británicos para conocer su avanzada tecnología.

En un contexto así es en el que un 30 de agosto de 1910 nace Rosa Bayón López, en plena Sierra Madrona por su parte ciudadrealeña. Y ha sido este sábado, 28 de agosto de 2010, a punto de cumplirse un siglo de la efemérides y en el mismo paraje, cuando esta mujer ha soplado las velas que ya atestiguan su condición de centenaria. Lo ha hecho en compañía de las tres generaciones cuya vida propició al dar a luz a tres hijas y un hijo ya fallecido, que a su vez dieron lugar a nueve y estos otros once.

Una vivienda de Minas del Horcajo demudada hoy en casa rural era el marco ideal para tan emotivo homenaje, orquestado a modo de sorpresa por la Asociación de Vecinos ‘San Juan’ en inevitable complicidad con la familia de Rosa, parte de la cual se desplazó desde Barcelona y Málaga y en presencia de las autoridades almodovareñas que encabezó la primera teniente de Alcalde, Almudena Correal.

Correal, que entregó a la homenajeada un jovial ramo de flores en nombre de todo el municipio, se congratuló por la oportunidad que tenía de agasajar a alguien que “supone todo un orgullo para Almodóvar del Campo, especialmente porque contamos con una persona a la que, además, le gusta explicar a quien le pregunta el pasado de esta zona y de su propia vida”.

Porque física y mentalmente Rosa Bayón López no aparenta tener los cien años tan inalcanzables para muchos y, tal y como refería ella misma a los medios de comunicación convocados por este motivo, “no me encuentro mal, algún dolor en los huesos pero enfermedad no tengo ninguna y memoria tengo la que necesito”.

Hija de albañil y de quien antaño se dedicaba a ‘sus labores’, Rosa se casó en Minas del Horcajo tomando el testigo a las tareas domésticas de su madre y cultivando un huerto junto a su marido, en función de los turnos de trabajo establecidos para el funcionamiento de una bomba de agua que impulsaba el líquido elemento de la serranía hasta las cordobesas Peñarroya, Pueblonuevo o Pozoblanco. Según apuntaba sobre su cotidianeidad, “yo iba andando a la huerta y aunque teníamos una bestia normalmente la utilizaba mi marido, pero yo llevaba a la cabeza sacos estiércol”, con el que abonaban la hortelana tierra.

La homenajeada, junto a la amplia familia de descendientes. Éste es uno de los muchos episodios que atesora con cariño su memoria. Dos de sus nietos, Andrés y Rosa, reconocen esta capacidad mental de “una mujer muy luchadora” y que, a pesar de la alegría del momento, “ha pasado unos tiempos muy difíciles”. No en vano, estos descendientes también hoy veteranos, explican que las circunstancias de la Guerra Civil y el tener que hacerse cargo del cuidado de sus hijas le hicieron pasar “muchas fatigas y por eso queremos darle este homenaje que tanto se merece”.

Rosa vivió  en Minas del Horcajo hasta 1972. Fue entonces, en una época en la que ya este enclave humano apenas si llegaba a duras penas al medio centenar de vecinos, tras el definitivo cierre diez años antes de la actividad minera y todo lo que ella arrastró, cuando hubo de trasladar su residencia habitual a Fuencaliente, junto a una de sus tres hijas.

Además de esta cercana población, la abuela Rosa también pasa temporadas en Barcelona y Málaga, donde residen sus otras dos hijas, que se van alternando en su cuidado. “Se ha vuelto una andarina”, dice su nieto Andrés con el buen humor que caracteriza a este clan familiar al que no le importaría heredar tan excepcional longevidad.

Verónica Gómez y Concepción Díaz, presidenta y secretaria respectivamente del colectivo vecinal del Horcajo, apuntaban que era necesario hacerle el homenaje a Rosa. “Es la memoria viva de aquí y siempre recurrimos a ella cuando la gente pregunta por personas que aquí vivieron antaño”. Y sus recuerdos son inmediatamente trasladados al foro de Internet donde esta aldea lucha también por mantener su identidad y su memoria.

Actualmente viven nueve personas en Minas del Horcajo a lo largo de todo el año, cifra que crece de forma puntual con la llegada de las vacaciones y el buen tiempo. Y gracias a la existencia de la casa rural ‘La Mina’, de vez en cuando se puede volver a escuchar por la calle el ilusionante griterío de niños, que acuden a esta zona junto a sus familias, ávidas de disfrutar de la naturaleza y de un paisaje urbano muy peculiar, donde las casas que quedan en pie aparecen hoy diseminadas por el derrumbe de las que otrora integraran cada manzana de esta población.

Rosa Bayón López dice durante su homenaje que rememora un Minas del Horcajo con mucho más bullicio, con mucha más gente y con mucha más actividad. Sus sabias palabras lo dicen todo de este lugar: “Ha cambiado en toda su alma”.